Padres denuncian el avance de la violencia en entornos escolares de barrios de contexto crítico

3 DE DICIEMBRE

LA REPUBLICA

Por Amalia Plachot

Padres y madres de escuelas ubicadas en barrios de contexto crítico elevaron una dura advertencia a Diario la R sobre la situación de inseguridad que se ha instalado en torno a los centros educativos, un fenómeno que, según afirman, se ha agravado de forma alarmante en los últimos meses y que hoy condiciona la vida diaria de cientos de niños, adolescentes, docentes y funcionarios.

El grupo de familias, integrado por referentes de varias escuelas de Malvín Norte, Punta de Rieles, Casavalle y zonas cercanas, describe un panorama “insostenible”: peleas violentas entre grupos de jóvenes, bandas que se enfrentan a metros de las escuelas, circulación de armas blancas, disparos ocasionales, motos sin matrícula realizando maniobras intimidatorias, y la presencia reiterada de personas consumiendo drogas en veredas y espacios de uso común.

A esto se suma una ola de robos y hurtos a estudiantes, especialmente en horarios de entrada y salida. “Hay gurises de 8 o 9 años a los que les han arrancado la mochila o les han exigido el celular. Otros han tenido que presenciar agresiones físicas entre adultos. No podemos seguir naturalizando esto”, relata un padre de una escuela de Malvín Norte visiblemente indignado.

Los padres sostienen que lo que antes se constituía como episodios esporádicos, hoy forma parte de la “rutina” del barrio. “Los niños ya saben que, si escuchan gritos o ven corridas, deben meterse rápido a la escuela. Y los docentes, antes de abrir la puerta, miran primero la esquina para asegurarse de que no haya un incidente. Eso describe el nivel de deterioro que estamos viviendo”, explican.

En algunos centros, las direcciones escolares han debido modificar los horarios de recreo, suspender actividades al aire libre o cancelar propuestas en la plaza cercana por la falta de garantías mínimas. “La escuela hace un trabajo admirable, pero no puede transformarse en un refugio permanente mientras afuera reina el descontrol”, agregan.

Aunque el foco principal está en el exterior del edificio, la tensión se cuela hacia adentro. Los niños llegan nerviosos, hablan de lo que vieron camino a clase, se sobresaltan con facilidad. Algunos docentes relatan que hay estudiantes que piden salir antes porque tienen miedo de que “algo pase en la esquina”. “El aprendizaje se resiente cuando la inseguridad pasa a ser un ruido de fondo permanente”, señala una maestra.

Controles periódicos para evitar aglomeraciones conflictivas y presencia de adultos que no deberían estar en la zona.

Acciones de convivencia y mediación comunitaria, pero acompañadas de intervención real que evite que grupos violentos se adueñen del espacio público.

“Pedimos algo básico: que nuestros hijos puedan entrar y salir de la escuela sin sentir miedo”, expresan. “No queremos respuestas declarativas ni promesas —ya hemos escuchado demasiadas—. Queremos una política de seguridad que se sostenga en el tiempo y que proteja a los que no tienen cómo defenderse”

Los padres remarcan que la escuela pública es un pilar del barrio y que protegerla también implica cuidar su entorno inmediato. “La violencia se volvió tan frecuente que ya casi no sorprende. Y ese es el mayor riesgo: que normalicemos lo que nunca debió ser normal”, alertan.

Concluyen advirtiendo que, si no hay respuestas contundentes, la situación seguirá deteriorándose: “La comunidad educativa está cansada, asustada y, sobre todo, desprotegida. Llamamos a las autoridades a actuar ya. Los niños no pueden esperar”.