{"id":8435,"date":"2026-02-13T10:16:01","date_gmt":"2026-02-13T13:16:01","guid":{"rendered":"https:\/\/audec.edu.uy\/?p=8435"},"modified":"2026-02-13T10:16:01","modified_gmt":"2026-02-13T13:16:01","slug":"la-ciencia-no-espera-maternidad-y-carrera-en-la-academia-uruguaya","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/audec.edu.uy\/index.php\/2026\/02\/13\/la-ciencia-no-espera-maternidad-y-carrera-en-la-academia-uruguaya\/","title":{"rendered":"La ciencia no espera: maternidad y carrera en la academia uruguaya"},"content":{"rendered":"\n<p>12 DE FEBRERO<\/p>\n\n\n\n<p>LA DIARIA<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Por Marina Zanatta&nbsp;<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>En un predio amplio en el barrio Buceo de Montevideo, se encuentra el Campus Universitario Luisi Janicki. Entre \u00e1rboles tan altos que parecen tocar el cielo, c\u00e9sped prolijo y jacarand\u00e1s, hay tres edificios que llevan los nombres de las hermanas Clotilde, In\u00e9s y Paulina Luisi Janicki. Fueron las primeras mujeres de Uruguay en tener un t\u00edtulo de grado, en la d\u00e9cada de 1910. Gracias al activismo heredado de su madre, Mar\u00eda Teresa Josefina Janicki, se dedicaron a que la educaci\u00f3n formal dejara de ser territorio exclusivo para los hombres. Ten\u00edan en com\u00fan el feminismo, la rebeld\u00eda y la devoci\u00f3n a la academia. Ninguna tuvo hijos.<\/p>\n\n\n\n<p>Un siglo despu\u00e9s, expertas se encargan de estudiar las brechas de g\u00e9nero que existen en la academia. Se popularizaron t\u00e9rminos como&nbsp;techo de cristal,&nbsp;ca\u00f1er\u00eda con fugas&nbsp;y&nbsp;piso pegajoso&nbsp;para explicar las diferencias, hay libros para ni\u00f1as sobre las trayectorias de mujeres cient\u00edficas, e instituciones como el Ministerio de Educaci\u00f3n y Cultura tienen premios para resaltar a las investigadoras del pa\u00eds. Aun as\u00ed, muchas de quienes se dedican a la ciencia suelen parecerse a las Luisi: no tienen hijos. Y si los tienen es porque sacrificaron parte de su carrera.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ciencia sin licencia<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>La doctora Cecilia Tomassini es investigadora de la Comisi\u00f3n Sectorial de Investigaci\u00f3n Cient\u00edfica (CSIC) de la Universidad de la Rep\u00fablica (Udelar). Una de sus l\u00edneas de investigaci\u00f3n principales trata las diferencias en las responsabilidades de cuidado entre mujeres y hombres en la academia. La oficina de Tomassini est\u00e1 en el edificio Paulina del Campus Luisi Janicki. En un tablero de corcho tiene folletos de R\u00edo de Janeiro \u2013donde estudi\u00f3 para el Doctorado en Pol\u00edticas P\u00fablicas y Desarrollo\u2013, listas de cosas para hacer y fotos con su hijo.<\/p>\n\n\n\n<p>Las investigaciones de Tomassini muestran que al principio del trayecto acad\u00e9mico las desigualdades casi no aparecen, pero a medida que se avanza con maestr\u00edas y doctorados, las mujeres suelen abandonar o llegar m\u00e1s tarde. Las que logran mantenerse se encuentran con una disyuntiva: el momento en que comienza la edad reproductiva coincide con la etapa en la que m\u00e1s se exige publicar, formarse y aceptar oportunidades para acumular m\u00e9ritos acad\u00e9micos. No poder viajar o perder un llamado tienen costos significativos, explica la investigadora. La propia trayectoria de Tomassini refleja esa tensi\u00f3n: fue madre despu\u00e9s de finalizar su doctorado y no tuvo m\u00e1s hijos. El cruce entre profesi\u00f3n y maternidad genera un efecto de selecci\u00f3n: solo avanzan las que logran sortear las barreras, usualmente sacrificando partes de la vida personal.<\/p>\n\n\n\n<p>Clemente Estable, cient\u00edfico uruguayo, ten\u00eda como lema \u201cla ciencia todo el tiempo y todo el hombre\u201d. Aunque probablemente al usar la palabra&nbsp;hombre&nbsp;no buscaba excluir a las mujeres, sino referirse a dar todo de la persona, resulta dif\u00edcil entender la estructura acad\u00e9mica por fuera de esta l\u00f3gica meritocr\u00e1tica, de dedicaci\u00f3n total, incompatible con la maternidad. Incluso cuando las instituciones dan licencias por maternidad, ese per\u00edodo sin actividad acad\u00e9mica no se contempla en el sistema de evaluaci\u00f3n. Tomassini se\u00f1ala que, si bien las mujeres est\u00e1n habilitadas para tomarse ese tiempo, luego son penalizadas porque no logran producir al mismo ritmo que quienes no est\u00e1n de licencia maternal y pueden dedicarse casi que de forma exclusiva a la labor acad\u00e9mica.<\/p>\n\n\n\n<p>Los m\u00e9dicos recomiendan amamantar la mayor cantidad de tiempo posible. Por eso, el grupo Madres Udelar propuso este a\u00f1o que la licencia maternal pudiera extenderse a dos a\u00f1os, en lugar de solo uno. Tomassini est\u00e1 a favor, pero cree que la propuesta genera tensiones que no se toman en consideraci\u00f3n. Extender la licencia a dos a\u00f1os, y adem\u00e1s en medio horario, puede ser un arma de doble filo. Lo ve en estudiantes de maestr\u00eda y doctorado que trabajan con ella: las que se desvinculan tanto tiempo del ritmo acad\u00e9mico despu\u00e9s no logran recuperar lo perdido. En el medio horario solo se puede dar clases, no se tiene margen para investigar, escribir o finalizar estudios. Luego, cuando se eval\u00faa subir de jerarqu\u00eda, lo que cuentan no son las horas de docencia, sino los art\u00edculos publicados y los t\u00edtulos alcanzados. Se les da el tiempo, pero no la ayuda necesaria para avanzar.<\/p>\n\n\n\n<p>No todas viven esta falta de acompa\u00f1amiento de la misma manera. Las que tienen los recursos necesarios pueden combinar la lactancia con servicios de cuidados y seguir avanzando en la educaci\u00f3n o en publicar. Pero las que no pueden pagar apoyos pasan esos dos a\u00f1os intentando equilibrar la crianza, el medio horario y la expectativa de productividad que la instituci\u00f3n les exige.<\/p>\n\n\n\n<p>Conociendo el panorama, muchas investigadoras eligen tener hijos luego de finalizar el doctorado y asegurarse una carrera s\u00f3lida. Otras tantas prefieren anular totalmente la idea.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Ricardito<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Lejos del Campus Luisi Janicki, en Jaureguiberry, vive Valentina Franco, ganadora del Premio Nacional L\u2019Or\u00e9al-Unesco 2024 \u201cPor las mujeres en la ciencia\u201d. Es doctora en Ecolog\u00eda y licenciada en Ciencias Biol\u00f3gicas por la Facultad de Ciencias de la Udelar.<\/p>\n\n\n\n<p>Lejos del ruido de la ciudad, como ella prefiere, cuenta que le gustaba la biolog\u00eda desde el liceo, pero cuando empez\u00f3 la carrera no ten\u00eda pensado ser cient\u00edfica porque no sab\u00eda lo que implicaba. La investigaci\u00f3n lleg\u00f3 casi por accidente, primero como voluntaria y luego trabajando con ocho compa\u00f1eras, cuando desarroll\u00f3 la l\u00ednea de investigaci\u00f3n que la llev\u00f3 a ganar en 2024. Franco cuenta que ese primer acercamiento, con un grupo femenino y horizontal, le permiti\u00f3 ver que se pod\u00eda hacer ciencia siendo mujer y la impuls\u00f3 a seguir estudiando.<\/p>\n\n\n\n<p>Si bien desde antes de entrar en el mundo acad\u00e9mico ya hab\u00eda decidido no tener hijos, cree que esa es una de las razones fundamentales por las que pudo dedicarse plenamente a estudiar y avanzar en la carrera. \u201cMe imagino que se puede lograr ser madre y cient\u00edfica, pero siento que si yo lo fuera har\u00eda much\u00edsimo menos de la mitad de lo que hago, no lograr\u00eda tener los logros que tengo porque la ciencia es exigente, es demandante\u201d, dice.<\/p>\n\n\n\n<p>La exclusi\u00f3n a la que se opusieron Paulina, In\u00e9s y Clotilde era m\u00e1s expl\u00edcita: no se les dejaba ingresar a la universidad. En un informe publicado en febrero de 2020, la Mesa Interinstitucional de Mujeres en Ciencia, Innovaci\u00f3n y Tecnolog\u00eda (Mimcit) deja en claro que en la \u00faltima d\u00e9cada se pas\u00f3 a una expulsi\u00f3n m\u00e1s tenue. Pueden entrar a la universidad, pero luego, aunque tengan las mismas capacidades que los pares varones, no pueden llegar a cargos altos.<\/p>\n\n\n\n<p>Valentina Franco vivi\u00f3 discriminaciones evidentes y otras m\u00e1s ocultas. A los 24 a\u00f1os, empez\u00f3 a trabajar en la Isla de Lobos para el trabajo de campo. Todos los trabajadores del lugar eran hombres y se negaban a llamarla por su nombre. La apodaron&nbsp;Ricardito. Ella los ignor\u00f3, pero entiende que hay otras que prefieren no enfrentarse a ese tipo de escenarios: \u201cCuando premiamos a las mujeres que estamos en la ciencia, solo se est\u00e1 observando a las que llegaron, pero hay muchas que quedan en el camino porque se dan situaciones de abuso de poder, chistes machistas, una cantidad de cosas que hacen que abandonen la ciencia\u201d, afirma. Ahora, teniendo un doctorado desde 2015, casi 70 publicaciones y excediendo los m\u00e9ritos para avanzar, sigue siendo apenas grado 2 (en la Universidad los grados van del 1 al 5).<\/p>\n\n\n\n<p>Para Tomassini, esto pasa porque pensamos en las desigualdades como etapas separadas: primaria, secundaria, educaci\u00f3n terciaria. Pero en la realidad las personas van de una instituci\u00f3n a otra, y por m\u00e1s que una mujer llegue con herramientas, cuando entra a espacios masculinizados aparecen barreras nuevas. Para ella, si no hay una pol\u00edtica que acompa\u00f1e toda la trayectoria, lo que se gana en un tramo se puede perder en el siguiente.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Mujeres en los murales, desigualdades en las aulas<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>De vuelta en Montevideo, pero ahora en Malv\u00edn Norte, aparece la Facultad de Ciencias de la Udelar. El terreno es grande, con \u00e1rboles, p\u00e1jaros e insectos que son observados de cerca por estudiantes. Adentro hay un mural de Marie Curie; frente a \u00e9l, una exposici\u00f3n titulada \u201c\u00bfQui\u00e9nes son ellas?\u201d muestra a 12 mujeres uruguayas en el \u00e1rea de ciencia, tecnolog\u00eda, ingenier\u00eda y matem\u00e1ticas \u2013STEM, por su sigla en ingl\u00e9s\u2013.<\/p>\n\n\n\n<p>Las estudiantes no reciben este reconocimiento en las clases. Francisca, estudiante de la Licenciatura en Ciencias Biol\u00f3gicas, recuerda que este a\u00f1o pas\u00f3 repetidas veces que el profesor solo les daba la palabra a los varones. En una ocasi\u00f3n una compa\u00f1era respondi\u00f3 a una pregunta, pero no se la tom\u00f3 en cuenta. Minutos m\u00e1s tarde, un var\u00f3n dijo lo mismo y s\u00ed hubo una reacci\u00f3n. A\u00f1ade: \u201cJusto esa clase fue en el sal\u00f3n de actos, y desde donde se sienta el profesor puede ver y escuchar a todos. Omiti\u00f3 a la chica deliberadamente\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>En la clase hubo un consenso de que lo que hizo el profesor estaba mal, pero no ten\u00edan mecanismos claros para actuar. Las estudiantes comentaron la situaci\u00f3n entre ellas, pero no sab\u00edan si exist\u00eda un protocolo, ni a qui\u00e9n dirigirse, ni si presentarlo tendr\u00eda consecuencias reales.<\/p>\n\n\n\n<p>En la Udelar hay iniciativas para visibilizar estas desigualdades. En 2012 se cre\u00f3 la Comisi\u00f3n Abierta de Equidad de G\u00e9nero, que m\u00e1s tarde incorpor\u00f3 el Modelo de Calidad con Equidad de G\u00e9nero, una certificaci\u00f3n que impulsa el Instituto Nacional de las Mujeres para disminuir la brecha de g\u00e9nero en el trabajo. A partir de esto, se avanz\u00f3 en la generaci\u00f3n de estructuras y diagn\u00f3sticos.<\/p>\n\n\n\n<p>En 2021 se cre\u00f3 el Observatorio para la Igualdad de G\u00e9nero. Surgi\u00f3 dentro del Centro de Estudios Interdisciplinarios Feministas (Ceifem), con el objetivo de que la Udelar tuviera, por primera vez, un espacio dedicado a analizar, sistematizar y comunicar las brechas de g\u00e9nero en la academia.<\/p>\n\n\n\n<p>Gimena Albarenga es asistente del observatorio desde que se cre\u00f3 y docente e investigadora del Ceifem. En estos a\u00f1os, junto con otras compa\u00f1eras que ocupan distintos espacios en la Udelar, lograron construir un sistema de m\u00e1s de 200 variables para medir desigualdades entre estudiantes, docentes y funcionarios. A\u00fan no publicaron datos completos, pero s\u00ed impulsaron diagn\u00f3sticos y coordinaron con los equipos t\u00e9cnicos que ya produc\u00edan estad\u00edsticas internas. Albarenga habla r\u00e1pido mientras explica el trabajo que est\u00e1n haciendo, pero suelta un suspiro antes de referirse al impacto en la pol\u00edtica. \u201cNo siento que hayamos logrado incidir directamente \u2013dice\u2013, s\u00ed movimos cosas, s\u00ed generamos acuerdos, pero desde el observatorio, y con los datos que a\u00fan estamos construyendo, no tuvimos incidencia en pol\u00edticas concretas todav\u00eda\u201d.<\/p>\n\n\n\n<p>La institucionalidad de g\u00e9nero de la Udelar es dispersa, sin un espacio centralizado. Lo que hay son tres comisiones principales \u2013equidad, cuidados y violencia\u2013 que funcionan sin un lugar donde articular pol\u00edticas. Desde el observatorio y la Comisi\u00f3n Abierta presentaron una propuesta de una nueva institucionalidad de g\u00e9nero para la Universidad, pero a\u00fan se est\u00e1 evaluando. Como el observatorio no es una estructura estable de la Udelar, seg\u00fan Albarenga, est\u00e1 \u201cen un limbo\u201d. Tienen asegurado un a\u00f1o m\u00e1s de presupuesto, pero es probable que no se mantenga cuando termine 2026.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>El legado<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Tomassini recalca que falta un compromiso real para abordar esta problem\u00e1tica. Aunque existe un consenso general acerca de la importancia del tema, nota que eso no se traduce en acciones concretas cuando es necesario movilizar recursos o introducir cambios en los instrumentos y en la normativa. Es en ese punto donde, seg\u00fan explica, aparecen las diferencias, y el tema queda relegado frente a otras prioridades.<\/p>\n\n\n\n<p>Dentro del equipo del observatorio, son pocas las que escaparon del destino de las hermanas Luisi Janicki y tuvieron hijos. En su mayor\u00eda ya son grandes, independizados, no necesitan ser atendidos por las madres. El dato no sorprende a Gimena Albarenga, que lo dice con cara seria, y probablemente tampoco sorprender\u00eda a Valentina Franco ni a Cecilia Tomassini, porque es la confirmaci\u00f3n de lo que viven y observan desde hace d\u00e9cadas.<\/p>\n\n\n\n<p>Optar por no ser madre parece, a simple vista, la soluci\u00f3n m\u00e1s evidente para mantenerse en la academia. Aun as\u00ed, no garantiza un camino libre. Incluso quienes deciden no tener hijos cargan con el cuidado de otras edades, desde padres mayores, familiares enfermos o dependientes. Son tareas sin horas reconocidas, que no se contemplan en las evaluaciones. El tiempo de cuidado queda por fuera de la estructura universitaria.<\/p>\n\n\n\n<p>Las pioneras Luisi Janicki abrieron las puertas de la universidad; m\u00e1s de 100 a\u00f1os despu\u00e9s, las investigadoras saben que con abrirlas no alcanza, todav\u00eda falta que el sistema las deje quedarse.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>12 DE FEBRERO LA DIARIA Por Marina Zanatta&nbsp; En un predio amplio en el barrio Buceo de Montevideo, se encuentra el Campus Universitario Luisi Janicki. Entre \u00e1rboles tan altos que parecen tocar el cielo, c\u00e9sped prolijo y jacarand\u00e1s, hay tres edificios que llevan los nombres de las hermanas Clotilde, In\u00e9s y Paulina Luisi Janicki. 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