Úrsula, la niña que tiene una escuela para ella sola y en el recreo busca compañía de youtubers

8 DE JUNIO

EL OBSERVADOR

Por  Tomer Urwicz

Cuando llega la hora del recreo, Úrsula abre su mochila, desenfunda la computadora de Ceibal y se pone a mirar a sus YouTubers favoritos. No tiene con quien jugar, con quien intercambiar las figuritas de la Copa América, y mucho menos con quien despuntar sus ganas de chusmear. Úrsula es la única alumna de su escuela.

Entre las sierras de Mahoma, en la escuela 90 de San José, al suroeste de Uruguay, el viejo refrán adquirió un nuevo enunciado: “Si la escuela no va a Mahoma, Mahoma va a la escuela”. Cueste lo que cueste.

En Uruguay están funcionando 32 escuelas con un solo alumno. La ANEP invierte en cada uno de ellos más de US$ 35.000 al año (o, lo que es lo mismo, el triple que la anualidad de los colegios privados de elite).

Para la maestra Andreina —acostumbrada a trabajar con cientos de alumnos, pero que este año hace de maestra “particular”— no hay moneda que pague el derecho consagrado en la Constitución: “Úrsula tiene el derecho a acceder a la educación, y si la siguiente escuela le queda a demasiados kilómetros de distancia (unos 18), es la obligación del Estado hacer lo imposible para que esta niña (o la que fuera) sea educada”.

A Úrsula no parece inquietarle. Le aburren los silencios, esos que se generan cada vez que le asignan una tarea. Pero le divierte que su maestra le preste atención. Lamenta la falta de agua por cañería desde que la sequía del año anterior dejó a la escuela desconectada (a menos de dos horas de viaje de Montevideo). Pero agradece cuando la mandan a llenar un balde en el aljibe más cercano.

—Al final no está tan mal esto de ser la única —, la niña de pelo ondulado encoje los hombros y deja entrever su vergüenza… no está acostumbrada a dar explicaciones.

Este 19 de Junio, Día del Natalicio de Artigas, tiene un desafío: ser la protagonista del acto patrio. Por razones obvias es la abanderada del pabellón nacional. Es la única voz del coro. Es la actriz principal de la obra conmemorativa, en que hace de la nieta del último amor del prócer uruguayo (personaje que encarna la maestra Andreina). Es el centro de una localidad que, de tan pequeña, el Instituto Nacional de Estadística siquiera llama poblado.

Cuando llueve dos días seguidos, la escuela 90 de San José queda aislada por la subida de un pasaje de agua. Pero, en la práctica, fue quedando aislada en la última década, pasando de más de diez niños a una sola alumna.

Su suerte —como la de cientos de escuelas rurales— cabalga a la par de la demografía. El éxodo del campo, ese que había dado inicio con el surgimiento de las ciudades y tuvo su auge en la primera revolución industrial, ya había sido descrito en los libros de los maestros rurales de 1930. Y el paso del tiempo no hizo más que confirmar la tendencia.

Una maestra rural a medida

Úrsula Olivera Pinela atraviesa quinto grado con las intranquilidades de toda preadolescente. A medida que va creciendo, las rabietas de su hermana pequeña —tan pequeña que todavía no está en edad de convertirse en la segunda alumna de la escuela— le fastidian. Y sus gustos difieren cada día más de la generación de sus padres.

Pero la cercanía con la maestra —por eso del seguimiento individualizado— hace que los complejos sean conversados, casi como una terapia sin costo.

—No le vemos nada negativo a que sea la única alumna, al contrario. Nuestra hija tiene dislexia y es posible que en una escuela con muchos compañeros hubiese quedado de lado… pero acá la ayudan.

Joselín, la madre de Úrsula, trabaja en el tambo de esta zona lechera, muy cerca de Mal Abrigo. Lamenta la escasa ayuda que ella misma puede darle a su hija para que mejore la lectoecritura. ¿Qué mejor que una maestra a medida?, se pregunta.

La misma pregunta se hace Gustavo, el padre de la niña. «¿Qué mejor que una ayuda casi personalizada para que estudie, se gradúe y llegue a ser quien quiera ser?». El padre quiere que sea veterinaria… su sueño frustrado.

La maestra Andreina está especializada en dificultades de aprendizaje. Pero reconoce que «es muy complicado el trabajo focalizado en escuelas con muchos niños que requieren una atención… en cambio una sola niña tiene sus ventajas».

—¿Pero los niños no aprenden en el encuentro con los otros?

—Por supuesto, por eso intentamos generar vínculos a través de las redes sociales.

En el proyecto de Rendición de Cuentas que la ANEP tiene que presentarle al Parlamento antes de que acabe junio, volverá a estimarse el costo de mantener abiertas las escuelas de tan pocos alumnos.

La discusión lleva años. A los costos económicos se le suma el de la escaza socialización. Pero las soluciones no conforman del todo. Primaria había intentado instrumentar un sistema de transporte que llevara a los alumnos a una escuela de la zona pero los choferes faltaban, era imposible conseguirlos o sencillamente salían más caros que pagarle el sueldo a la maestra particular.

Por si fuera poco, estaba la idea de que la escuela “es el centro de la comunidad” y que su cierre simbolizaría el abandono de todo lo que nuclea.

El protocolo dice que ante la falta de niños, Primaria tiene que solicitar un censo a la Policía del lugar. De constatarse la inexistencia de escolares y la imposibilidad de repoblación en el corto plazo, se procede a dos encuentros con la comunidad para explicarles la situación (lo que puede tardar más de un mes) y recién luego se efectiviza el cierre. La maestra efectiva pasa a cumplir funciones en otra escuela y el Codicen decide qué hace con el edificio.

La directora de Políticas Educativas, Adriana Aristimuño, está acostumbrada a recibir notificaciones de cierres de escuelas rurales. Y pese al dolor que admite le provoca, sabe que es una marcha inevitable “en un país con cada vez menos niños”.

Úrsula se llama Úrsula por el personaje de La Sirenita. El nombre se lo puso su tía. En los últimos días se hizo experta en el videojuego Roblox. Salir al patio, un clásico de las escuelas rurales, no le apetece salvo extrema necesidad. Prefiere disfrutar lo lindo de la escuela: «La matemática te sirve para contar el dinero que te falta. La lectura te permite entender una receta. Venir a clase te sirve para la vida».

Para la maestra Andreina no hay dudas: «Yo creo que hay que traer a Mahoma a la escuela porque no se mueve mucho más. Mahoma se queda quieto».